Córdoba

Sin maquinaria de poder, la Alianza por la Vida se consolida como una amenaza electoral para las élites políticas de Córdoba

La Alianza por la Vida, integrada por sectores del progresismo y movimientos sociales, dejó una de las principales conclusiones de la pasada jornada presidencial en Córdoba: sin controlar las administraciones locales ni las grandes estructuras tradicionales, logró imponerse territorialmente en Montería y ampliar su ventaja en varias zonas del departamento.

Los resultados evidenciaron un desgaste de las casas políticas que históricamente han dominado la región. Pese al respaldo de congresistas, senadores, alcaldes y grupos cercanos al gobernador, las estructuras tradicionales no consiguieron revertir la ventaja obtenida por el sector que acompañó la candidatura de Iván Cepeda.

Mientras en la primera vuelta la diferencia fue cercana a los 120 mil votos, en la segunda aumentó hasta alcanzar los 149.959 sufragios. En Montería, la ventaja también creció, pasando de 16 mil a 23 mil votos.

Del lado del progresismo sobresalió la articulación entre movimientos como el Pacto Histórico, En Marcha, Los Sin Techo, Nuevo Futuro, organizaciones juveniles, docentes y sectores campesinos, que encontraron una fórmula de unidad y conexión con las bases populares.

Ahora, el principal reto de este bloque político será mantenerse cohesionado, construir candidaturas únicas y transformar su fortaleza electoral en una opción real de poder de cara a las elecciones regionales.

Aunque Gustavo Petro dejará la Presidencia el 7 de agosto, sus aliados consideran que Córdoba seguirá siendo un territorio estratégico para reorganizar la oposición y disputar el control político local y departamental.

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