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MI BEBÉ FUE ASESINADO POR SU PROPIO PADRE; ASÍ INTENTO VENCER EL DOLOR

Sábado, 14 de agosto 2021

La historia de Ivonne Lozano, mamá de Luis Santiago, el niño que asesinó Orlando Pelayo.

Orlando Pelayo estaba al lado mío. Entrelazó su mano con la mía cuando yo veía desorientada a la multitud prendiendo velas en la vereda Tíquiza, en Chía. A los dos nos miraban con tristeza, nuestros ojos encharcados en lágrimas no podían ocultar ese sentimiento. Ante las cámaras que cubrían la desaparición de mi bebé de 11 meses, él sentenció: “Por favor, no le hagan daño a Luis Santiago, devuélvanlo lo más pronto posible. Estamos sufriendo”. Eso fue el 26 de septiembre del 2008.

A Orlando lo conocí por una amiga en el 2005. Era un taxista en Chía. No lo veía con perspectivas amorosas al principio, era un hombre muy mayor (48 años) para mí, una niña de 19 años que por circunstancias de la vida decidió salir de su casa desde los 16.

Siendo menor de edad quedé embarazada de Vivian Carolina. Hui de la casa para estar con mi pareja de ese entonces, un hombre de 24 años, el papá de la niña. Las cosas no funcionaron, dejé el estudio y seguí mi vida, con mi hija, en la casa que fue de mis abuelos paternos en la vereda Tíquiza.

Me dediqué a trabajar en una empresa de flores para sacar a la niña adelante. Vivian casi siempre estuvo con el padre, era difícil que una mujer inmadura y con pocas entradas económicas lograra darle lo suficiente.

Orlando, pasados unos meses de conocerlo, me conquistó. Era un hombre de baja estatura, canoso y de ojos claros. Lo terminé viendo como un escape a todos los líos que tenía en mi vida. Fui la hija rebelde de mi familia, la Lozano Hermann, de descendencia alemana por mi abuelo materno, un soldado que llegó a Colombia huyendo de la Segunda Guerra Mundial.

Quizá pensé que Orlando, un hombre mayor, me enseñaría a tener la serenidad que necesitaba en ese momento. Cuando iniciamos la relación, él ya tenía dos hijas, ellas son incluso mayores que yo. Me mostró comprensión, contaba que era un buen padre a quien le tocó sacar adelante a sus niñas tras el abandono de la madre.

Se veía como un tipo bueno, muy normal, alguien de quien se podía fiar. Tras al menos un año de relación, quedé en embarazo de Orlando. Esa noticia sí lo cambió. Me dijo que ya era una persona adulta para tener un bebé a esas alturas. Con esa respuesta, él se desapareció y quedé sola con el bebé que venía en camino. Nunca convivimos.

No me importaba mucho su ausencia. Era una joven trabajadora, más centrada y determinada a tener a ese varoncito a quien llamaría Luis Santiago.

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