Gobierno retira 30 piezas del Museo Nacional y desata polémica

El retiro de más de 30 piezas del Museo Nacional de Colombia, por orden del Ministerio de Cultura, desató una controversia sobre la memoria histórica, la autonomía curatorial y la representación de distintos sectores de la sociedad en el relato nacional. La medida se produjo en el marco de la denominada “contrarrevolución cultural” promovida por el presidente Abelardo de la Espriella, quien ha defendido una agenda enfocada en la protección de valores tradicionales, la familia, la fe y el patrimonio histórico.
Entre los objetos retirados se encuentra el Balígrafo, elaborado a partir de un casquillo de bala y utilizado como símbolo de la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y las Farc en 2016. También fue desmontado el tarjetón de la Séptima Papeleta, movimiento ciudadano que impulsó el proceso que condujo a la Constitución de 1991. Las piezas relacionadas con la historia política del país incluyen un impreso electoral de Jaime Pardo Leal, elementos vinculados con Bernardo Jaramillo Ossa y un afiche del excomandante del M-19 Carlos Pizarro Leongómez, asesinado en 1990 después de dejar las armas. La intervención también afectó objetos relacionados con los derechos de las mujeres y la población LGBTIQ+. Entre ellos figuran un ejemplar del periódico Nuestras Mujeres, publicado en 1955; un manifiesto feminista de 1978; un afiche del festival de cine Ciclo Rosa; un tambor utilizado por la batucada Toque Lésbico y unos zapatos elaborados por la Red Comunitaria Trans y el Proyecto Lafarota.
La ministra de Cultura, Paola Holguín, ha defendido la revisión de las exposiciones al señalar que el museo no debe promover versiones sesgadas de la historia ni convertirse en un espacio de apología al delito o revictimización. Según explicó, los contenidos museográficos están siendo evaluados y rediseñados.Sin embargo, especialistas en museología e historia del arte cuestionaron que las piezas fueran retiradas sin que se conociera un nuevo guion curatorial. Advirtieron que los cambios podrían reducir la representación de procesos sociales, luchas por derechos y acontecimientos fundamentales para comprender la historia colombiana. El debate también gira en torno a la autonomía de los museos frente a los gobiernos de turno. Expertos sostienen que las exposiciones permanentes son el resultado de años de investigación y trabajo técnico, por lo que cualquier modificación debe contar con una evaluación especializada. Por ahora, el Gobierno no ha presentado públicamente un nuevo guion para las salas intervenidas. La controversia mantiene abierta la discusión sobre cómo debe contarse la historia de Colombia y quiénes deben participar en la construcción de esa memoria colectiva.



