Rusia prohíbe el supuesto “Movimiento Internacional del Satanismo” y lo declara organización extremista

La Corte Suprema de Rusia declaró como organización extremista al denominado “Movimiento Internacional del Satanismo”, una decisión que prohíbe sus actividades en todo el país y abre la posibilidad de procesos penales contra personas acusadas de promover símbolos, ideas o actividades relacionadas con dicha denominación.
La medida fue impulsada por la Fiscalía General y el Ministerio de Justicia de Rusia, que argumentaron que el movimiento fomenta el odio religioso, la violencia y actos de profanación contra templos de la Iglesia Ortodoxa Rusa. El fallo entró en vigor de manera inmediata.
La decisión se produjo tras meses de presión por parte de sectores conservadores y líderes religiosos. Entre ellos se destacó el patriarca Kirill, máxima autoridad de la Iglesia Ortodoxa Rusa, quien había solicitado públicamente la prohibición de este movimiento desde comienzos de 2025.
Con la sentencia, cualquier persona vinculada a una organización considerada extremista podría enfrentar sanciones contempladas en la legislación rusa, incluyendo penas de prisión por participación, promoción o colaboración con grupos prohibidos.
Sin embargo, la decisión también ha generado cuestionamientos. Medios independientes y organizaciones de análisis político han señalado que no existe evidencia clara de una estructura organizada conocida formalmente como “Movimiento Internacional del Satanismo”.
Diversos críticos comparan este caso con la decisión adoptada por las autoridades rusas en 2023 contra el denominado “movimiento internacional LGBT”, una figura que también fue declarada extremista pese a no existir como organización formal unificada.
Según estas voces, este tipo de fallos permiten una interpretación amplia por parte de las autoridades y podrían utilizarse para perseguir actividades, expresiones o grupos definidos de manera poco precisa bajo el argumento de combatir el extremismo.
La medida se suma a otras decisiones recientes adoptadas por el gobierno ruso en materia de control social, religioso y cultural, en un contexto de creciente endurecimiento de las políticas internas del país.



