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Nuevo secuestro masivo sacude a Nigeria: escuela católica atacada y un guardia asesinado

Nigeria vuelve a enfrentar un capítulo oscuro de violencia tras el secuestro de estudiantes, docentes y personal administrativo de la escuela católica St. Mary, en Agwara, una región golpeada por la inseguridad desde hace más de una década. El ataque ocurrió entre la madrugada del jueves y la mañana de este viernes 21 de noviembre, cuando un grupo de hombres armados ingresó a las instalaciones y asesinó a un guardia que intentó frenar la incursión.

Hasta ahora, las autoridades no han logrado establecer cuántas personas fueron retenidas. Abubakar Usman, secretario del gobierno local, confirmó que la verificación avanza lentamente debido al caos que dejó el asalto. La Policía del estado de Níger y unidades militares se desplegaron en la zona para iniciar labores de rastreo y rescate, mientras el ambiente de tensión crece entre comunidades ya golpeadas por ataques recientes.

Este secuestro se suma a una cadena de hechos violentos registrados en los últimos días: en el estado de Kebbi, 25 estudiantes fueron raptados y solo una logró escapar; y en una iglesia del oeste del país, un asalto armado durante la misa dejó dos feligreses muertos y varios secuestrados. La seguidilla de ataques evidencia la alarmante vulnerabilidad de escuelas y templos, convertidos en blancos recurrentes de grupos criminales y extremistas.

Organismos internacionales recuerdan que la región vive más de una década bajo el impacto de Boko Haram y otras organizaciones yihadistas. La insurgencia ha dejado más de 40.000 muertos y más de dos millones de desplazados, transformando la vida cotidiana en un panorama de permanente incertidumbre.

El hecho ocurre en un momento delicado para Nigeria en el plano global. Esta semana, el presidente estadounidense Donald Trump aseguró que podría considerar una intervención militar, alegando supuestos ataques sistemáticos contra la minoría cristiana. El gobierno nigeriano rechazó esas declaraciones, advirtiendo que el conflicto es mucho más complejo y está atravesado por tensiones étnicas, disputas territoriales y crisis económicas que han fragmentado al país.

Mientras avanza la búsqueda de los secuestrados, Nigeria vuelve a enfrentar la misma pregunta que ha marcado sus últimos años: ¿hasta cuándo la violencia seguirá golpeando a los más vulnerables?

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