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Estados Unidos evalúa nuevo ataque contra Irán y Rusia alerta posible “caos” en Medio Oriente

La tensión entre Estados Unidos e Irán se ha intensificado luego de que el presidente Donald Trump evalúe la posibilidad de ordenar un nuevo ataque militar de gran escala contra Teherán, tras el estancamiento de las conversaciones preliminares sobre el programa nuclear iraní y la producción de misiles balísticos. Este giro ocurre semanas después de que la Casa Blanca considerara acciones militares en el marco de las protestas internas en Irán, duramente reprimidas por las fuerzas de seguridad. En medio de este escenario, Rusia lanzó una advertencia contundente al alertar que cualquier ofensiva podría desatar un “caos” en toda la región de Oriente Próximo, subrayando que aún existen vías diplomáticas por explorar. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, insistió en que “el potencial negociador en Irán está lejos de agotarse” y exhortó a las partes a “ejercer contención y renuncien al uso de la fuerza”, señalando los riesgos de una escalada militar.

Las advertencias rusas coinciden con un aumento de la presión estadounidense. Trump exigió públicamente que Irán vuelva a la mesa de negociaciones para alcanzar “un acuerdo justo y equitativo: SIN ARMAS NUCLEARES”, y advirtió que un nuevo ataque “será mucho peor” que el ejecutado en junio pasado, cuando Estados Unidos bombardeó instalaciones nucleares iraníes. Fuentes cercanas a la administración señalan que entre las opciones consideradas figuran ataques contra instalaciones nucleares, infraestructura gubernamental y figuras clave del aparato de seguridad iraní. El despliegue del grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln en el océano Índico refuerza esta posibilidad, al tiempo que Washington traslada sistemas de defensa aérea adicionales a la región. Desde Moscú, Peskov advirtió que “cualquier acción de fuerza solo puede crear caos en la región y tener consecuencias muy peligrosas en términos de desestabilización del sistema de seguridad”, reflejando el temor a un conflicto de mayor alcance.

Irán, por su parte, respondió con un tono igualmente firme. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, aseguró que las fuerzas armadas del país están listas para actuar “de inmediato y con fuerza” ante cualquier agresión, afirmando que permanecen “con el dedo en el gatillo” para defender su territorio, su espacio aéreo y sus aguas. Mientras tanto, Turquía intenta desempeñar un papel mediador y ha reiterado su rechazo a cualquier intervención militar, advirtiendo sobre sus consecuencias regionales y globales. La crisis se desarrolla en un contexto en el que informes de inteligencia estadounidense describen al régimen iraní como históricamente debilitado, aunque expertos advierten que un golpe decisivo no garantizaría un cambio de régimen. Así, la combinación de amenazas militares, advertencias internacionales y ausencia de avances diplomáticos mantiene en vilo a Medio Oriente y alimenta el temor de una escalada con efectos imprevisibles.

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