Alias Marlon estaría detrás de la ofensiva armada que sembró terror en el Valle del Cauca

Una nueva escalada de violencia sacude al Valle del Cauca. En menos de 24 horas, al menos cuatro atentados con explosivos, hostigamientos armados y ataques simultáneos se registraron en Cali, Palmira y Jamundí, generando alarma entre la población y obligando a reforzar la respuesta militar en el departamento.
Uno de los hechos más delicados ocurrió en el corregimiento de Robles, zona rural de Jamundí, donde hombres armados atacaron con ráfagas de fusil y lanzamiento de explosivos —incluso mediante drones— una subestación de Policía, en un nuevo episodio que eleva la tensión en el sur del Valle.
Horas antes, en el corregimiento de Potrerito, también en Jamundí, se reportó otro hostigamiento con explosivos contra la fuerza pública. Aunque no dejó personas lesionadas, sí generó temor entre los habitantes de la zona por la intensidad del ataque.
En Palmira, un vehículo cargado con explosivos fue utilizado para lanzar al menos tres cilindros bomba contra el Batallón Agustín Codazzi, provocando varias detonaciones en inmediaciones de la unidad militar. El hecho siguió el mismo patrón del atentado registrado horas antes en Cali contra instalaciones de la Tercera Brigada.
Ante la gravedad de la situación, el ministro de Defensa, Pedro Arnulfo Sánchez, encabezó un consejo extraordinario de seguridad en Palmira y aseguró que las capacidades de la fuerza pública fueron reforzadas para responder a la ofensiva y proteger a la población civil.
De acuerdo con inteligencia militar, detrás de esta ofensiva estaría alias “Marlon”, señalado como cabecilla de la columna Jaime Martínez del Estado Mayor Central de las disidencias de las Farc, estructura que opera bajo el mando de alias Iván Mordisco. Las autoridades lo vinculan con la coordinación de estos ataques y con el control de rutas estratégicas del narcotráfico hacia el Pacífico.
Por información que permita su captura, el Gobierno Nacional ofrece una recompensa de hasta 4.500 millones de pesos, mientras crece la presión para frenar una nueva ofensiva armada que vuelve a poner en jaque la seguridad del suroccidente colombiano.



