ADN antiguo revela migración de más de 700 kilómetros en la costa peruana siglos antes del Imperio inca

Un estudio científico basado en ADN antiguo está cambiando la forma en que se entiende la historia de las sociedades prehispánicas de la costa peruana. La investigación reveló que grupos humanos recorrieron más de 700 kilómetros a lo largo del litoral del Pacífico y se establecieron en el valle de Chincha varios siglos antes de la expansión del Imperio inca.
Los hallazgos fueron publicados en la revista científica Nature Communications tras el análisis genético de restos humanos hallados en cementerios de la costa sur del Perú. Los investigadores estudiaron el ADN de 21 individuos y descubrieron que algunos de los primeros habitantes de Chincha compartían una ascendencia característica de poblaciones de la costa norte peruana.
La evidencia genética indica que estos movimientos ocurrieron desde el siglo XIII, mucho antes de las políticas de reasentamiento impulsadas posteriormente por los incas. Esto demuestra que las comunidades costeras mantenían redes de movilidad, comercio e intercambio cultural por iniciativa propia.
Según los investigadores, la costa peruana funcionaba como un corredor de interacción donde circulaban personas, mercancías e ideas. Entre las posibles razones de estas migraciones figuran cambios ambientales, intereses comerciales y la búsqueda de recursos estratégicos como el guano utilizado para la agricultura.
El estudio también encontró evidencias de matrimonios entre personas de distintas regiones costeras. Con el paso de las generaciones, los descendientes de los migrantes se mezclaron con poblaciones locales, fortaleciendo redes familiares y comerciales que conectaban amplios territorios del antiguo Perú.
Uno de los hallazgos más llamativos fue la identificación de un osario familiar en el sitio arqueológico de Las Huacas. Gracias al ADN, los científicos lograron reconstruir vínculos de parentesco entre varios individuos enterrados en el mismo lugar, confirmando que distintas generaciones de una misma familia compartieron ese espacio funerario.
A pesar de la mezcla genética registrada a lo largo del tiempo, los investigadores comprobaron que muchas tradiciones culturales de origen norteño continuaron practicándose durante siglos. Entre ellas se encuentran modificaciones craneales realizadas durante la infancia, el uso de pigmentos rojos en rituales funerarios y otras prácticas ceremoniales.
Los resultados ofrecen una nueva visión sobre las sociedades andinas previas a los incas, mostrando que las comunidades costeras estaban profundamente conectadas mucho antes de la formación de uno de los imperios más importantes de América.



